Habían pasado los años pero todavía quedaban espacios. Su piel curtida, amarillenta y encallecida en algunos lugares, era un papiro perfecto. La tinta era sangre, sangre negra como el cuervo, que utilizaba en confesiones de angustia interminable. Remojaba una de sus larguísimas y sucias uñas y comenzaba a marcarse la piel, cual tatuaje sellador de verdades.
La muerte rondaba muy cerca, y escribía. Las brumas espesas que lo protegían del sol divino, se dispersaban ahora, y escribía. Los falsos amores de su vida lo abandonaban, y el escribía. El quedaba estancado en un torbellino de tiempo, mirando un punto fijo. Y escribía lo que no quería ver… lo que no quería escuchar.
Cuando las nubes de tormenta dejaron de responder a su invocación tapo con trapos sus ojos. Pero la luz era demasiado intensa, traspasaba sus parpados como cortinas de papel. Desesperadamente clavo sus afiladas uñas en las cavidades y arranco de raíz, con un grito de inframundo, los malditos y engañadores ojos. La sangre brotaba como dos cascadas de los dos pozos ciegos que tenia en la cara. Más tinta para escribir.
El no lloraba, no padecía, no sufría, no hablaba, solo escribía sobre su piel.
Sus miedos eran cada vez más grandes, su soledad cada vez pasaba más tiempo a su lado, la desesperación, la ira, la decepción y la frustración se plasmaban en su vieja piel, donde quedaban pocos espacios ya.
Escribió sobre sus párpados, puertas hacia la nada.
Escribió sobre sus labios, cerrándolos para siempre con un candado sin llave.
Escribió sobre sus oídos, lastimándolos tanto y tan profundamente que se marchitaron, y no supieron nunca más como escuchar.
Escribió sobre sus manos, pies y cabeza, hasta llegar a sus órganos internos. Y después de tanto tiempo negando, su piel enfermo, sus pulmones se infectaron, su estómago se desgastó, su cerebro dejó de trabajar, y su corazón dejó de latir.
Su literatura cavó su tumba, su necedad le dio mas tinta, su estúpida desesperación le dio ideas fatales, y su patética escritura lo mató.
Su firma se demarcaba rústicamente en la lápida.


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