Como de aluminio. Como el titáneo.
Como los histéricos pendeviiejos.
Tan frío que no sabe que hacer cuando llega el verano.
Ríe del humor impuesto, no busca el suyo.
Se llama como le dicen, no como es.
Como el actor que no sabe actuar.
Como el mitómano que no estudió.
De vez en cuando se considera moderno.
Utilizando palabras que no conoce.
Discutiendo temas de los que no entiende.
Saca la sabiduría de las vivencias pobres.
Habla con sabiduría pobre.
Con las manos cayosas, como su comprensión.
Con los ojos direccionados, como el caballo que montaba.
Como un especialista de la moral, como un buen sordo.
Con un oido podrido. Con los dientes postizos.
Con la sonrisa insoportable. Chirriantemente ideológica.
El producto de la TV. De las películas de acción.
Exigiendo al mundo golpes de valientes. O golpes.
Recibiendo golpes de la vida. Y curandose con yuyos.
Mirando a su madre, en vez de a sus hijos.
Bajo la pollera, y bajo las polleras.
Tapándose el corazón con envoltorios de caramelo.
Cansado de jugar. Y jugando hasta el final.
jueves, septiembre 09, 2010
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