domingo, agosto 01, 2010

Hijo de Neptuno



Entonces comprendió que los hombres no regresarían. En el medio del infierno flotando, lloraba. Lloraba como si tuviera hambre, como si pidieran que lo alzaran o que lo cambiasen. No lograba entender que nada volvería a ser lo mismo. Pronto dejaría el aire. La tripulación corría frenéticamente sin rumbo aparente. Los gritos eran necesarios en el viento, pero pronto dejaría el aire. Los truenos hablaban mal de sus padres y las tormentosas nubes negras amenazaban con secuestrarlo. Pero pronto estaría de espaldas al cielo.
El piso de madera se movía cada vez más fuerte, haciendo una burla de su placer por sentirse mecido en la cuna. Pero pronto no tendría cuna. El mar lo mecería eternamente.
Después de varios golpes todo se volvió frío y nebuloso. Un extraño sueño se apoderó de su mente y dejó el mundo real por esa noche. Los gritos cesaron al instante.
Al despertar, no divisó aromas, no respiraba. Simplemente miraba las profundidades, con el torso doblado en el agua y el sol tras él. La piel blanca en contraste con el agua celeste. El pelo flotando y sus manos jugando. Una sonrisa apareció y él respondió de la misma manera. Nada lo hacía más feliz que su verdadero hogar.

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